La colonia Rusiñol ó Can Remisa

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La colonia Rusiñol, que el pintor y dramaturgo Santiago Rusiñol heredó de su abuelo y confió finalmente a su hermano Albert (precisamente se está celebrando el año Rusiñol por el 75º aniversario de su muerte); Cau Faluga (como bautizó el artista a la residencia familiar de la colonia) es una joya del modernismo industrial.

Rusiñol no es el único artista vinculado al Ter. En 1894, Maragall rastreó, lápiz en mano, las fuentes del río. Mosén Cinto Verdaguer, que era de la vecina Folgueroles, se movía por sus riberas como por una Arcadia privada, también pluma en ristre. Pedro de Lorenzo, en cambio, asfixiado por un gongorismo tóxico, no supo ver en su Viaje de los ríos de España la faz obrera del Ter. Pero sí Miquel Martí i Pol, muerto hace un par de años (La fábrica), o el propio Josep Pla (Un señor de Barcelona, o sea, el señor Puget, uno de los empresarios que, como otros de Manlleu, se fueron a Barcelona, asustados por ciertos desórdenes, y sólo venían en visita de inspección). Éstas y otras referencias literarias pueden convertirse en excursiones temáticasPero lo singular de ésta y las demás colonias era su concepto social. Uno piensa en El sagrado experimento, la pieza de Fritz Hochwälder sobre las reducciones jesuíticas en América. Salvadas las distancias, esto era algo parecido: en torno a la fábrica, en un espacio donde el contacto con la naturaleza era premisa, se agrupaban las viviendas, escuelas de ambos sexos, iglesia, casino, teatro-cine, campo de deportes, economato, oficina de correos y, desde los años veinte, un jardín de infancia, farmacia y médico permanente.

Tener médico era un lujo. Como lo era vivir en 48 metros cuadrados (estamos hablando de 1900), con un hortet (pequeño jardín) en las traseras. Los jueves y domingos ponían películas que no llegaban a muchas ciudades; hacían teatro, campeonatos de fútbol. Pese al trasfondo vidrioso de evidente afán de control social, lo cierto es que los operarios y sus familias se consideraban privilegiados. Éstas eran auténticos pueblos, aislados en torno a una factoría de río, autosuficientes, con un concepto nuevo de la vida y del entorno, importado e impuesto por gentlemen habituados a la campiña inglesa.

La familia Rusiñol compra la fábrica construida en 1860 durante la década 1870-80 y continúo en propiedad hasta 1930. Actualmente pertenece a la firma Claramunt-Rovira, dedicándose a los derivados de algodón. El alternador de la fábrca tiene una potencia de 310 cv.

 

Acerca de chimevapor

Soy un entusiasta del Patrimonio Industrial, de su estudio, localización, divulgación y colaborar con máximo compromiso en su conservación
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2 respuestas a La colonia Rusiñol ó Can Remisa

  1. Cristina dijo:

    Que artículo tan interesante !  gracias por ponerlo.

  2. casanelles dijo:

    Hola soc director del Museu de la Ciència i dela Tècnica de Catalunya i he estat dos anys president dela Comissió internacional de Patrimoni Industrial. No se si encara continues visitant elpatrimoni industrial però vull felicitar-te pel treball que has realitzat. en aquest bloc. Si vols alguna informació sobre elpatrimoni industrial del nostre país nosaltres en tenim molta i també publiquem un bloc
    Eusebi Casanelles

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