La Fábrica Roca Umbert, “La Fábrica de les arts” de Granollers.

A mediados del siglo XIX la actividad económica de la capital del Vallès Oriental fue evolucionando a partir del desarrollo de las vías de comunicación y se convirtió gradualmente más industrial y comercial que agrícola. La inauguración del nuevo trazado de la carretera de Barcelona a Vic (1848) y la llegada de las dos líneas de tren (1854 y 1876) fueron las causas principales. Al principio nuestro siglo, se incorporan a Granollers el Lledoner (1922), segregado de Les Franqueses del Vallès y el municipio de Palou (1928). De esta forma, la ciudad consolidaba la configuración longitudinal con la actual carretera como eje principal. Pero en Granollers hubo un momento crucial en su deso de desarollo: el establecimiento de la fábica textil Roca Umbert.

El origen de la fábrica Roca Umbert se remonta al año 1871, en Sant Feliu de Codines, donde Josep Umbert i Ventura (1844-1917) puso en marcha una fábrica textil, que sólo cinco años más tarde amplió adquiriendo unos terrenos Palou. El crecimiento industrial y la rápida consolidación del sector textil catalán hicieron triplicarse en poco tiempo la producción de la empresa. Por ello, en 1904 se construyó la que hoy conocemos como la fábrica Roca Umbert en Granollers, donde se instalaron telares.
En 1912 se adquirió una cuadra en Sants y, en 1915, una sección de hilados en Monistrol de Montserrat.
Tras la muerte del fundador en el año 1917, sus familiares continuaron dirigiendo y manteniendo la propiedad de la empresa. Además de la planta de Granollers, tenía otros en Sant Feliu de Codines, Monistrol, Ripollet y almacenes y oficinas en Barcelona. La producción principal de la empresa eran las Pisano (ropa de hilo o de algodón con atado de plana y de diversos colores, utilizada en trajes de mujeres y niños), planchas azules y Vichy.
En 1936 la empresa es requisada por los obreros y toma el nombre de Espartaco. En enero de 1939 sufrió una fuerte destrucción a raíz de un incendio provocado. Lentamente, sin embargo, se fue recuperando.

En la década de los 50 construyeron la Térmica, un elemento que permitía la autonomía en el abastecimiento eléctrico, ya que las constantes restricciones de energía obligaban a la fábrica a hacer paros en la producción. Se inicia, durante esta etapa, la modernización de la industria. Se hacen gran cantidad de tejidos, entre los que destacan las piezas de algodón, las batas, los juegos de mesa, las sábanas, la ropa militar, ropa tejana … El primer turno de la fábrica era de las 5 a las 9 de la mañana y de la 1 a las 5 de la tarde, ya menudo los trabajadores hacían otros trabajos a otras empresas entre turno y turno para conseguir aumentar los ingresos familiares.

Roca Umbert fue una fábrica ejemplar en el ámbito de la asunción de compromisos que iban más allá de las obligaciones legales: en 1933 se creó la Casa Cuna, que primero fue regentada por monjas josefinas y, más adelante, por personal contratado. Los hijos e hijas de las madres trabajadoras podían utilizar este servicio hasta la edad de 5 años.

También crearon el Costurero, un espacio donde podían ir a formarse las trabajadoras solteras y donde se les enseñaba a coser, planchar y llevar una casa. Fue hacia los años sesenta que la fábrica integrar nuevos trabajadores de la primera gran oleada migratoria del resto del Estado.
La fábrica Roca Umbert destacaba por la gran calidad del tejido. Esto era porque en una sola empresa se unificaba todo el proceso de producción de la tela (batanes, hilar, urdir y tejer, teñir y el control del acabado de las piezas) hasta el punto de ser comercializada.

En 1971 se cierran las naves de Sant Feliu de Codines y los propietarios se acogen al Plan de reestructuración textil. Cinco años más tarde, en 1976, se inicia el traslado de la hilatura de Granollers a la Batlloria (Sant Celoni), donde se construye un nuevo edificio de 9.000 m². El segundo plan de reestructuración se hizo efectivo en 1978 y supuso el despido de 450 personas. Es un periodo especialmente interesante desde el punto de vista sindical porque hubo las primeras grandes huelgas en la ciudad. Debido a los cambios en las necesidades de la economía globalizada, la fábrica cerró en 1991.
El movimiento de las lanzaderas, el sonido de los telares, los colores de los pigmentos para teñir, el humo de la chimenea y el gesto apresurado de las trabajadoras llenaban el día a día de este espacio.
 
Fuentes: www.granollers.cat, www.rocaumbert.cat, www.elperiodico.com. Fotos: Chimevapor y el periódico de Catalunya 
 

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